Veintitrés

"Se va a producir un descenso de los precios"

28 de Marzo de 2014

 

El diputado Roberto Feletti preside la Comisión de Presupuesto en la Cámara baja y anteriormente se desempeñó como viceministro de Economía. Conoce de primera mano lo que es la gestión pública y los desafíos con los que debe enfrentarse un gobierno para llevar adelante las políticas económicas. En esta entrevista, confía que a partir de este mes comenzará a darse una desaceleración en los precios y que en el segundo semestre se va a producir una reactivación de la economía. Critica a los grandes grupos económicos que no hacen las inversiones suficientes para garantizar la oferta y se pronuncia a favor de un organismo estatal que regule el comercio de granos.

–¿El plan Precios Cuidados está sirviendo como ancla de la inflación, si tenemos en cuenta que en el primer bimestre del año el nuevo IPC superó el 7%?

–El primer dato es que hubo un cambio de índice que reconoce la diversidad de consumo. Por lo tanto hay una nueva metodología, se encuestan más productos y en un universo más grande. Pero se agrega la particularidad de que el bimestre enero-febrero fue caliente porque convergió la presión de sectores económico financieros por producir un desmadre en el manejo cambiario, la necesidad del Gobierno de instalar un nuevo tipo de cambio para alcanzar un nuevo piso de competitividad y la respuesta de otros sectores que buscaron dejarnos sin precio de referencia. Por eso es muy importante el rol que juegan los Precios Cuidados. Porque el objetivo fue dejarnos sin precios. Toda la expectativa es que esto tiene que descender y que lo va a hacer mucho más rápido de lo que se cree. Considero esto porque los Precios Cuidados tuvieron la virtud de volver a instalar el precio y hacer reflexionar a la gente que si un kilo de harina en los Precios Cuidados vale un determinado monto, no puede pasar que alguien lo ponga un 50 por ciento más caro. En segundo lugar, la suba de la tasa de interés impidió que alguien se “sobrestockee”, remarque y vaya vendiendo de poco. Si remarca un 40 y tiene el descubierto en el banco en el 40 por ciento y no en el 20 como anteriormente, va a estar menos proclive a hacerlo. Me parece que todos estos elementos van a producir un descenso de los precios.

–¿Cree entonces que los precios van a ir a la baja o que se van a mantener estables?

–Creo que van a ir a la baja. A lo largo de este mes vamos a ver que los productos alimentarios se van a ir a acercando a los que marcan los Precios Cuidados. Hay que ver la experiencia del Mercado Central, donde se ven variaciones del 35 al 40 por ciento, que evidencian el margen de comercialización que asumen las grandes cadenas. Mis expectativas son dos: que va a haber un descenso en los precios y que el segundo semestre va a ser de reactivación y de buen nivel de actividad.

–Pero los productos de los Precios Cuidados muchas veces no aparecen porque los supermercados aducen que los fabricantes no pueden dar respuesta a la demanda y por lo tanto se generan faltantes.

–El que tiene espaldas financieras es el hipermercado, que paga a 90 y 120 días y vende de contado. Hay que tener una política muy férrea con estos monopolios de comercialización porque ahí está focalizado el problema de la tensión de precios. No es dable pensar que un productor va a resignar poder vender con la suba de precios. Además porque la demanda está sostenida.

–¿Haber devaluado un 18 por ciento en enero, subir las tasas y absorber pesos a través del Central no fueron medidas ortodoxas para frenar la corrida cambiaria?

–No. Ortodoxia sería un programa de fuerte retracción de la demanda a partir de un fortísimo torniquete fiscal y contención del salario. A fines de 2010, el Gobierno perdió un vector importante de competitividad de la economía que es la energía. Eso generó una enorme tensión sobre la tasa de ganancia. En un punto hay una necesidad de mayor competitividad. Porque la puja por la tasa de ganancia hace aumentar los precios y chupa la capacidad de competir. El Gobierno mantuvo una política cambiaria durante casi once años en la que cuidó empleo y salario. En un punto el Gobierno necesitaba un nuevo nivel de competitividad y las minidevaluaciones demostraban que no alcanzaba. Produjo entonces un salto cambiario y se alcanzó un nivel que terminó siendo aceptado por todo el mundo. Entonces, pensando en un tipo de cambio a 8 pesos, con un nivel de reservas de entre 28.000 y 29.000 millones de dólares, con un escenario en el cual el frente externo se ordene, todo hace pensar que se tiene que retomar el sendero de crecimiento.

–¿Pero haber subido las tasas no genera una caída de la demanda?

–No necesariamente. Lo que genera en lo inmediato es que no sobrevalúen los stocks. En un contexto en el que hay expectativas devaluacionistas y de inflación, el empresariado en general tiende a posicionarse en activos fijos. Si yo tengo dinero barato y tengo stock, voy revaluando el stock y vendo de a poco. Al elevar la tasa de interés, fuerza la necesidad de mantenerse líquido, con lo cual hay que deshacerse del activo fijo. Por eso es que están reapareciendo las ofertas de contado; porque se hace necesario deshacerse del stock. Obviamente que el Gobierno no apuesta a una tasa de interés que rompa la cadena de pagos y que esto sea in eternun. Todo hace pensar que si el sector externo vuelve a generar un flujo de divisas importantes, la tasa de interés va a bajar.

–¿Cómo se garantiza un buen nivel de consumo si a la vez se pide una moderación en las paritarias?

–Si miramos la película completa, el tipo de cambio desde el 2003 hasta ahora varió en un 280%. El salario medio en ese mismo período aumentó un 680%. Hubo, por lo tanto, una fuerte recuperación salarial en términos de tipo de cambio. Luego de varios años de recuperación de salario, la paritaria de este año debería ser tranquila. Nunca le fue bien al trabajador cuando se anotó en la guerra de precios y salarios.

–Pero se hace difícil tener esa visión cuando enero y febrero dieron índices tan altos de inflación…

–Lo que hay que pensar es de dónde venimos. Es cierto que hubo una presión fuerte sobre el nivel de precios en el primer bimestre del año. Pero también es cierto que llevamos diez años de fuerte revaluación salarial y de fuerte certidumbre frente al empleo. Me parece que eso también el movimiento obrero tiene que ponerlo arriba de la mesa a la hora de discutir. A lo mejor en este momento sale empatado porque hay una discusión en torno de la inversión. Hoy están dadas las condiciones macroeconómicas en la Argentina para una discusión fuerte sobre la inversión. Pero si hay un empresariado que quiere poner una pata al crecimiento del país y sobre un mercado más chico para seguir manteniendo un margen de ganancia alta, estamos fritos. Y si el movimiento obrero no da cuenta de esta realidad y no sale a discutir en serio el problema de la oferta en la Argentina, también estamos fritos.

–¿Ve a la dirigencia sindical y empresaria a la altura de esa circunstancia?

–Este es un gobierno que va a completar once años con un escenario homogéneo, en el cual no hubo marchas y contramarchas. Mantuvo políticas muy definidas en términos de gasto público y de incidencia tributaria. Ha llevado un manejo prudente del sector externo y ha desendeudado al país. Acá no hubo políticas de corto plazo, sino políticas definidas en una misma dirección. Pero nos encontramos con un empresariado muy concentrado y poderoso, que emergió victorioso de la última dictadura militar, que ha desvinculado su escenario de negocios de este país. Esto es un problema. Tras la crisis de hiperinflación ’89-’90, cuando se abre el proceso de privatización y desregulación, ese empresariado no se hace cargo de las empresas públicas ni las articula con un modelo. Quedan en manos de empresas europeas. En un contexto de crisis en Europa, cuando esas empresas se retiran, tampoco se hacen cargo y aparece el Estado para nacionalizar Aerolíneas, YPF, el Correo y Aguas Argentinas. Entonces hay una ausencia de un sector empresarial que no se hace cargo del modelo aperturista de los ’90 pero que tampoco se hace cargo de este esquema. Por lo tanto ahí se hace un vacío. La ausencia de este actor se aprecia en las grandes discusiones que hay sobre la monetización de la economía argentina o el peso como reserva de valor. Repudia el peso bajo cualquier modelo económico. Tanto en la Convertibilidad como ahora, la monetización de la Argentina está entre el 30 y el 35% del PBI. Esto plantea que hay un sector dominante que acumula ganancias y automáticamente las dolariza y repudia su moneda porque no la considera representativa de los activos que tiene acá. El otro punto es una sistematicidad del sector agropecuario de desfinanciar el sector industrial. Es decir, el sector superavitario en divisas se niega a aplicar esas divisas al desarrollo industrial. Pero tampoco es capaz de construir un país porque el que proponen es inviable. El sector más dinámico es el que más trabajadores en negro tiene, el que peores sueldos paga. A su vez, también se niegan a industrializar la renta agropecuaria, que sería lo que generaría empleo y al país lo haría competitivo.

–¿Estaría a favor de crear un organismo que regule la comercialización de granos para neutralizar las especulaciones que puede hacer este sector con la liquidación de su producción?

–Sí, seguro. Cuando se creó el IAPI que era la nacionalización del comercio exterior, no había el desarrollo del multilateralismo que hay hoy. La Argentina no concurría a un mercado sino que podía negociar bilateralmente. El multilateralismo, que arranca en los sesenta pero se despliega con fuerza en los setenta y ochenta, obliga a ir a un mercado. La emergencia del Asia Pacífico y de algunos países de África abre la posibilidad de recrear el bilateralismo. Con lo cual cambiaria la lógica de los términos de intercambio. Obviamente van a seguir los precios de referencia del mercado. Pero se puede discutir un intercambio más compensado. Por lo tanto es necesario un organismo estatal de regulación del comercio de granos pero siempre enfocado en una relación país-país, porque si no se convierte en un broker más.

–¿Qué beneficios puede traer acordar con el Club de París?

–Arreglar el frente externo permite varias cosas. Primero, un clima de mayor calma de aquel que quiere ingresar divisas a la Argentina. En el caso concreto del Club de París permite la renovación del crédito comercial. Pensemos que muchos de los acreedores del Club de París son bancos públicos que normalmente dan créditos atados a equipamiento. Ese arreglo va a reabrir la posibilidad de conseguir financiamiento barato para equipamiento durable. En tercer lugar, si bien baja el nivel de demanda de pagos al sector externo a partir del 2016, te abre la posibilidad de reprogramar vencimientos. Lo que no creo, y estoy convencido de que el Gobierno no lo va a hacer, es tomar deuda en forma ilimitada para financiar gasto corriente. Eso fue una tragedia en la Argentina que se dio con la dictadura cívico militar y con el Plan Brady en los ’90. Espero que eso no se repita nunca más.