Los brotes verdes o amarillo mustio de 2017: la economía de Macri no remonta, apenas rebota

10 de Agosto de 2017

Documento elaborado por la Comisión de Economía del Peronismo Bonaerense.

INTRODUCCIÓN: EL CONTEXTO MACROECONÓMICO

En los últimos meses, el Gobierno y el sistema de medios oficialistas comenzaron a machacar con el esperado inicio de la "recuperación económica". Mientras Durán Barba, con buen tino, recomienda no hablar de la economía, es decir, de la realidad que viven millones de argentinos, se suceden los titulares de los diarios sobre una supuesta recuperación con epicentro en la construcción y en la industria.

En 2015, según las estadísticas revisadas por el INDEC de Macri, la economía creció 2,6%. En 2016 prometieron una inflación de 20% y un tímido crecimiento de 1%. Sin embargo, la inflación fue más del doble (llegando a 42%) y la economía cayó en picada, un -2,2%. Después del desplome de 2016, es habitual que, por cuestiones meramente estadísticas, se produzca en 2017 un “rebote”, que parece mayor cuando se lo compara con los penosos indicadores del año pasado, cuando teníamos que esperar la fallida “lluvia de inversiones” o siempre un próximo semestre mejor. El optimismo del gobierno y del periodismo oficialista se basa en comparar Macri 2017 contra Macri 2016, pero lo cierto es que todos los valores son muchos peores que los del país que recibió el gobierno a fines de 2015.

Los componentes de la demanda agregada en el transcurrir del 2017 no muestran un comportamiento vigoroso que haga prever una recuperación fuerte de la economía que deje atrás holgadamente la contracción experimentada en el 2016. El primer trimestre del año, según el INDEC de Macri el PIB creció un 0,3% y las estimaciones del primer semestre ubican la expansión en el 1 %, quiere decir que el primer bienio de Cambiemos a duras penas podría empatar el saldo de la "pesada herencia".

La mayor gravedad del problema radica en que esta política ha agudizado los desequilibrios macroeconómicos y no ha hecho crecer la actividad, despilfarrando los ingentes recursos financieros recibidos por heredar un país desendeudado.

El déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, el giro ordinario y habitual de dólares se proyecta en u$s17.000 millones para este año, similar al 2016, próximo al 3 % del PIB. El desbalance fiscal primario, el giro ordinario y habitual de pesos del sector público, se proyecta en $550.000 millones, mayor que el del 2016 y cercano al 5 % del PIB.

Nos desenvolvemos entonces con fuertes agujeros en la caja de dólares del sector externo y en la caja de pesos del sector público, y la economía, languidece con un exiguo crecimiento después de dos años, y una tasa de inflación en el 2017, similar al 2015.

¿Qué sostiene un esquema tan pobre? El potente ingreso de dólares de origen financiero, que apuntalan los dos desequilibrios. La Cuenta Capital y Financiera del BCRA muestra una entrada de capitales de $39.406 millones en el 2016 y u$s17.696 millones en los primeros cinco meses del 2017, más de un 80% corresponde a operaciones de deuda y movimiento de capitales de corto plazo y menos de un 20% a inversión directa y de portafolio.

En un año y medio ingresaron a la Argentina u$s57.000 millones frescos y la economía se contrajo. ¿Notable, no? Cabe la pregunta de a dónde fueron a parar, y también que pasaría si se interrumpe ese flujo.

Parte importante de esos fondos (u$s36.000 millones -63 %) se evaporaron rápidamente en sostener una apertura importadora creciente, pago de dividendos a empresas extranjeras, abultados intereses de la deuda en aumento y fuga lisa llana de divisas. El resto (u$s21.000 millones) incrementó las reservas del BCRA.

Pobres resultados económicos y pingues negocios para los agentes económicos más poderosos.

Sin embargo, este diseño macroeconómico no es sustentable ni eterno, el mercado comienza a exigirle correcciones de los desequilibrios para continuar prestándole, y es aquí donde aparece la agenda pos-elecciones, la intentará ajustar lo que apenas puede sostener ahora, con mucho cinismo antes de los comicios.

El Gobierno se plantea Reforma Previsional y Reforma Tributaria, eufemismos que encubren la baja de las jubilaciones y la quita de recursos a las provincias. Todo el sistema de inversión social, en previsión, cobertura de bienestar, salud y educación, donde las provincias son efectores, está destinado a ser demolido por un Cambiemos triunfante. Es la corrección del desequilibrio fiscal.

El Gobierno también desea imitar a Brasil con una Reforma Laboral que desmonte el sistema de protección al trabajador y produzca un descenso estructural del salario. Es ganar competitividad con el exterior con de la mano de obra, si la energía aumenta en dólares conforme a la política tarifaria de Aranguren, la ecuación de costos de las empresas debe nivelarse bajando las remuneraciones en dólares. Es la corrección de competitividad del sector externo.

Como se verá en los apartados que siguen, con precisión numérica, todo el conjunto de "brotes verdes", no es otra cosa de "maquillaje electoral", para acumular el poder institucional que les permita avanzar en su verdadera agenda.

PODEMOS VIVIR PEOR: A CASI DOS AÑOS DE GOBIERNO DE MACRI, LA ACTIVIDAD ECONÓMICA NO SUPERA LOS NIVELES QUE ALCANZÓ EN 2015. Y EL CONSUMO MASIVO CONTINÚA EN CAÍDA.

Todas las series disponibles se ubican por debajo de los máximos de 2015. Es decir, van casi dos años de macrismo y todo está peor.

Los sectores productores de bienes siguen por debajo de los niveles de 2015, incluso para las “estrellas” de este 2017 que son el sector agropecuario, las finanzas, los sectores extractivos -petróleo, gas, minería- y la construcción. Según los datos del indicador de actividad de INDEC (EMAE) a mayo, la actividad en el agro está -5,6% debajo de su nivel en el mismo mes de 2015 y la construcción -4,1%. La industria -4,5% y -8% contra su pico en noviembre de 2015. Un verdadero derrumbe.

Y, algo fundamental, el consumo masivo sigue sin repuntar. Sencillamente porque la política económica de Macri consistió en reducir el poder de compra de los salarios, de las jubilaciones, las asignaciones y los ingresos de PYMEs, comerciantes, profesionales y clase media. Así no hay plata que alcance.

No sólo el consumo está muy por debajo de 2015, sino que sigue cayendo mes a mes. Lo reconoce el INDEC: las ventas en supermercados cayeron -2,5% anual en mayo mientras que las ventas de centros de compras (shoppings) cayeron -4,3% anual.

También lo muestra CAME, que informó una caída en las cantidades vendidas de -1,4% en junio. Para Scentia, con datos a junio, el total de ventas en súper y supermercados chinos cae -4,3% y los alimentos tienen un retroceso del -o,6%. Para Kantar World Panel el consumo cayó cerca del -3% en junio.

Estás son caídas anuales, es decir, comparan el nivel de consumo de hoy con el que había en mayo/junio de 2016, cuando ya las ventas habían caído cerca de un -10%, producto de la devaluación y el tarifazo.

El consumo acumula una caída del 20% desde diciembre 2015. Es lo que se escucha de los comerciantes y PYMEs, a los que las ventas les cayeron, según el rubro, la ubicación y el tamaño, entre un 20 y un 50%.

SOBRE LLOVIDO, MOJADO: LAS VENTAS CAEN Y MACRI PRODUCE UNA AVALANCHA IMPORTADORA

A la caída del consumo local se suma la apertura de las importaciones impulsada por el gobierno, que ya liquidó a sectores enteros de la industria como en el caso de las computadoras portátiles y otros, como calzados, textiles y confecciones, muebles, juguetes, máquina herramienta y marroquinería van por el mismo camino.

Lo cierto es que lo poco que se consume, es cada vez más de origen importado. 2016 fue el primer año desde 1975 en que crecieron las importaciones en cantidades mientras caía la actividad: desafiaron todas las leyes de la economía. En general, cuando hay recesión, las importaciones caen porque hay menos demanda. Con Macri, no es así: les saca trabajo a los argentinos para dárselo a los productores de afuera.

En la industria, a nivel sectorial, continúa y se profundiza la apertura de las importaciones en los sectores sensibles, sobre los ya elevados montos del primer semestre de 2016. Algunos ejemplos: se importaron 15 millones de pares de calzado, un 27% más. Entraron 19.360 toneladas de indumentaria terminada.

Llegaron casi 40.000 lavarropas, un 358% más que en el primer semestre de 2016. La importación de heladeras superó las 100 mil unidades en el 2016, más que triplicando los ingresos del 2015, y en los 5 primeros meses de este año el ritmo de crecimiento se acelera. El proceso de apertura, sumado a la retracción de la actividad económica dinamitó el proceso de integración nacional y de modernización tecnológica que estos bienes requieren. Esto no debiera sorprender ya que forma parte del ADN de la política de Cambiemos, lo cual queda demostrado con la suspensión de normas que exigían crecientes procesos de integración en los bienes electrónicos fabricados en Tierra del Fuego, o con cambios en la política arancelaria que dieron por tierra con la producción de computadoras portátiles en la provincia de Buenos Aires y otras regiones del país.

Además, comenzaron a ingresar numerosos alimentos y bebidas (tomates y maíz en lata, caramelos duros, quesos, manteca, carne porcina y pollo en trozos, etc). Esto explica la crisis de varias economías regionales.

En el sector automotriz, las ventas se incrementaron en los últimos meses, como siempre ocurre cuando hay expectativas de devaluación porque el valor de los autos se mueve con el dólar. Subieron las ventas, pero lo que asombra es la penetración de vehículos importados. Las ventas nacionales aumentaron 2% en junio, después de caer -7% en mayo, -17% en abril, -32% en marzo. Las ventas de vehículos importados aumentaron mucho más:42% en julio, 42% en junio, 58% en mayo, y 42% en 2016. La participación de los autos importados tuvo su récord en febrero de 2017 (72%), y en lo que va de este año promedió el 70%. En los primeros 7 meses del año, se importaron más de 373.000 autos terminados.

Después de la devaluación y la quita de retenciones de finales de 2015, las ventas de maquinaria agrícola nacional crecieron 8% en 2017. Pero las importadas crecieron muchísimo más: 68% (cosechdoras y tractores). La participación nacional pasó del 85% en 2015 al 63% en menos de dos años. Aun en los sectores que crecen se observa el proceso de desindustrialización y extranjerización.

Pero no a todos los sectores primarios les fue bien. El sector lácteo está en crisis: la producción cayó un 10% y el consumo de leche por habitante un 25% en 2016, la caída más pronunciada desde 2001. Las economías regionales están arruinadas. A la caída del consumo interno se le suma que el país en el último año y medio empezó a importar vinos, limones, maíz, papas, batatas, frutas (como la uva de mesa, naranjas, manzanas), zanahorias, etc.

AUMENTO ELECTORAL DE LA OBRA PÚBLICA Y SITUACIÓN DE LA CONSTRUCCIÓN

Con respecto a la construcción, en 2016, el gasto de capital del Estado en términos reales retrocedió a su nivel más bajo en cinco años. En año electoral, el gasto aumentó, pero esto no es suficiente: la inversión del Estado Nacional en los primeros seis meses de 2017 cayó un -27% en términos reales respecto del mismo periodo de 2015.

LA INDUSTRIA EN CAÍDA LIBRE

A la industria nacional la azotó una verdadera "tormenta perfecta", por los cuatro costados: caída de las ventas, tarifazo, encarecimiento del crédito y apertura de las importaciones. Por eso, la industria continúa estancada, pese a crecer un 6,6% en junio de 2017 interanual: en los primeros 6 meses de 2017 no creció nada respecto al mismo período de 2016. Si bien en el mes de junio crecen 11 de los 12 bloques (salvo el sector textil), la llamada “recuperación” es tibia y lenta y se da sólo en determinados sectores. Es un tímido rebote. Veamos.

En el primer semestre de 2017, de los 12 bloques industriales que mide el INDEC, la mayor parte (7 bloques) mostraron caídas acumuladas, después de caer a pique en 2016. Se destacan la refinación de petróleo (-2,2%), edición e impresión (-4,9%), papel y cartón (-4,0%), tabaco (-7,9%) y textil e indumentaria (-14,6%). Un octavo bloque se mantuvo prácticamente estancado: productos de caucho y plástico (+0,1%), mientras que en 2016 cayó -1,5%.

Por último, sólo 4 bloques crecieron en el primer semestre de 2017 respecto al mismo período de 2016. Son aquellos relacionados con los grandes sectores agropecuarios, autos y la construcción. Pero ninguno de estos 4 bloques logró superar los niveles de 2015. Es decir, cayeron en 2016 y el rebote de 2017 no alcanzó para recuperar lo perdido. Todos están abajo de 2015, incluso los que crecieron ahora. Este tibio rebote es lo que el gobierno quiere mostrar como falsos brotes verdes en la industria.

A consecuencia de la política económica de Cambiemos, la industria también registra un aumento de la informalidad por “subsistencia”. Los despedidos, los que debieron cerrr sus empresas, comienzan a trabajar en la informalidad para poder llevar el sustento a sus familias. Esta es una realidad en los sectores calzado, confecciones, muebles, juguertes, panadería, etc.

Por otro lado, la desaparición de alrededor de 6.000 pymes en 2016, aquellas que, en términos relativos, se encontraban en posición más débil, profundiza la concentración económica, dando mas espacio a las practicas abusivas de los grandes grupos económicos productores de bienes y servicios.

RUBRO                                                                 Caída anual 2016                                         1er semestre 2017

Automotriz                                                                    -8,3%                                                            +6,4%

Metálicas básicas                                                        -14,6%                                                             +2%       

Min. no metálicos                                                        -6,2%                                                             +0,8%

En resumen, la industria cayó en 2016 un -4,6% anual, como consecuencia de la política económica del macrismo: destrucción del mercado interno, apertura importadora y tarifazo. Hubo meses del año pasado donde cayó -6,4%, -7,9% y hasta -8,0%. Durante 2016 se batió un verdadero récord de desindustrialización y de desintegración de cadenas de valor, afectando negativamente el contenido local: todos los bloques (12 en total) relevados cayeron respecto a 2015. Y en lo que va de 2017 ninguno recuperó lo perdido.

LOS QUE MÁS PERDIERON: LOS TRABAJADORES. SE DESTRUYE EMPLEO PRIVADO Y DE CALIDAD. LO ÚNICO QUE CRECE ES EL EMPLEO PRECARIO.

En total se perdieron 82 mil empleos registrados en el sector privado en los primeros 7 meses del gobierno de Macri. Durante los siguientes 12 meses, apenas se recuperaron 36 mil. En el neto, 45 mil trabajadores perdieron su empleo y la “recuperación” no los alcanzó. Solo el empleo público creció en el acumulado desde diciembre 2015, derribando el mito de que venían a hacer un Estado más eficiente: lo que más aumentó es la cantidad de CEOS y funcionarios con altas remuneraciones.

A nivel sectorial, el caso más grave es, justamente, el de la industria, atacada por la caída del mercado interno y la apertura comercial, que ocupa al 20% de los trabajadores registrados en el sector privado. El saldo del macrismo a mayo de 2017 son 62 mil empleos industriales destruidos. Claramente, el sector agropecuario liberado a crecer, según cuenta el relato oficial, con una creación neta de 500 empleos no alcanzó para compensar los empleos perdidos en la industria.

Asimismo, a pesar del impulso electoral de la obra pública, en la construcción todavía falta recuperar 11 mil empleos.

Mientras tanto, el gobierno insiste con la tergiversación estadística: el macrismo empezó a contar a los nuevos monotributistas como si fueran nuevos empleados. En el mejor de los casos, se trata del registro de un puesto de trabajo ya existente: alguien que empezó a pagar monotributo o bien alguien que perdió su trabajo formal y no le quedó otra opción que transformarse en monotributista. Además, el monotributo se paga mensualmente incluso si no se factura. Y Macri lo cuenta como un empleado. En general, se trata de precarización. Sin ART, sin vacaciones, sin aguinaldo, sin convenio. Son 70 mil nuevos monotributistas y 36 mil monotributistas sociales desde que asumió Macri. Se precariza el empleo, como en los noventa.

Esta recesión no fue gratis. No sólo hay menos empleo. La devaluación y el tarifazo se traducen en ingresos expropiados a los más vulnerables. En términos de poder de compra, se perdió el equivalente a dos meses de asignación por cada hijo, niño, niña o adolescente. Y los jubilados perdieron el equivalente a dos meses de jubilación mínima por cada jubilado. Para las clases populares, para los empleados precarios, para los integrantes de la economía social y popular, no hay brotes verdes que apacigüe su empobrecimiento, su fragilidad social ni su futuro. Casi resulta una abierta falta de respeto que se mencione que sectores pobres tienen ahora un nuevo escenario por el aumento del empleo en la construcción, cuando muchos de los excluídos del mercado formal de trabajo (o incluso del informal) pasaron a perder la totalidad de su ingreso o simplemente el “canje” de un ingreso asalariados por un plan con ingresos nominales –en relación a su momento de asalariado formal- que apenas llega al 25% del anterior salario.

Por lo anterior podríamos afirmar que, en la medida que los ganadores del modelo mantengan privilegios y ganancias altas, los que perciben renta agraria, financiera, petrolera o minera, los miembros de las empresas grandes globalizadas e integradas a los flujos internacionales de tecnología, de comercio o de finanzas, los perdedores, los miembros en un sentido amplio de los asalariados y no asalariados de la industria, las pymes y el creciente sector social de la economía popular crecera en demandas y en dimensiones sociales y políticas.

Que haya una expansión del consumo y de cierta producción en los sectores de privilegio y altas ganancias, no quiere decir que se recupera ni el bienestar ni la prosperidad que hubo en el pasado. Si hay sectores que rebotan y no crece la inversión, el período de extensión de ese rebote será efímero y poco sustantivo. En muchas décadas la economía creció casi excluyentemente cuando se expandieron el consumo y la inversión. Una economía en crecimiento sobre la base de la inversión publicitada pero no materializada, es un crecimiento efímero y pasajero.

EL SUPUESTO “CRECIMIENTO”, ADEMÁS, NO ES SOSTENIBLE: SE BASA EN DEUDA EXTERNA

Este modelo no solo destruye la producción nacional, sino que hipoteca el futuro de todos los argentinos, ya que su aparente “estabilidad” se basa en un masivo ingreso de financiamiento proveniente de la deuda externa. La apertura y la devaluación de 2015 con la que inició su política económica el macrismo, fracasó con el prometido boom de exportaciones y la añorada lluvia de inversiones.

Desde que asumió Cambiemos el gobierno liquidó u$s44.200 millones en el Mercado de Cambios, provenientes de aumento de la deuda externa. Las reservas del BCRA sólo crecieron la mitad de ese monto. El resto, fue a financiar gasto corriente y muy especialmente la fuga privada de grandes capitales en el marco de la bicicleta financiera. Esto es muy grave. Desde el inicio de Cambiemos con un acuerdo con los fondos Buitres sesgados a favor de esos actores y la creciente dependencia del financiamiento por medio de la deuda colocada en el exterior, crean un marco de dependencia financiera equivalente a los peores vividos en el pasado. Ese fenómeno que hizo crecer el endeudamiento en mas de 12% del PBI, traccionó conductas equivalentes a las que fueron inducidas las provincias (atrapadas por soluciones iguales a la que siguió el gobierno federal), y el propio sector privado cuya deuda externa tambien fue creciendo en un marco de escasa o nula generación de recursos superavitarios genuinos por exportaciones y por aumento del saldo de la balanza comercial. En sintesis, la fuga y el financiamiento corriente del déficit fiscal fueron la muestra de la incapacidad de la política macroeconómica cuyo resultado fue generar una deuda a 100 años que costosamente y sin límites compromete a varias generaciones de argentino.

A la caída del consumo local se suma la apertura de las importaciones y el magro desempeño de las exportaciones. Los recientes datos de comercio exterior muestran que el déficit comercial del primer semestre de 2017 fue de -u$s2.613 millones de u$s, el mayor déficit para un primer semestre desde 1994.

Un apartado merece el déficit comercial con Brasil que alcanzo en los primeros 7 meses de este año U$S4.510 millones, con importaciones que crecen al 27% respecto del 2016 (autos, maquinarias y equipo, plásticos y sus manufacturas, calzado y textil y confecciones) y las exportaciones que solo subieron 6.6%, con un marcado sesgo a la primariazación. Brasil exporta sus excedentes de productos industriales, porque no crece y tiene una capacidad ociosa del 50%, y cada vez relativamente nos compra más productos primarios (cereales que crecieron 25%). Una integración perdidosa para la Argentina donde el Estado ausente deja las decisiones a los grandes grupos privados, que luego cierran empresas y despiden o suspenden trabajadores.

EL GOBIERNO PREPARA UN AJUSTE MONETARIO Y FISCAL Y MAYOR APERTURA PARA 2018

Aunque los consultores y bancos de inversión estiman que en 2018 se mantendrá un ritmo de crecimiento cercano a 3%, no existe ninguna evidencia que permita sostener esta postura. Los mismos analistas que coinciden con los enfoques políticos de Cambiemos ya empiezan a reconocer los datos que publicara CEPAL como válidos a la hora de imaginar la tasa de crecimiento del PIB en el ejercicio en curso.
El programa de metas de déficit que fijó el Ministerio de Hacienda pone fecha de vencimiento al veranito de la construcción, que además está impulsando a los pocos sectores industriales que crecen. Para cumplir sus metas fiscales de 2017 y 2018, el gobierno seguramente recortará la obra pública. Como con eso no va a alcanzar, se espera un ajuste en el gasto previsional y en seguridad social. Después de las elecciones se viene un recorte superior del gasto público.
Por otro lado, la visible inconsistencia entre las metas de inflación y la efectiva dinámica de los precios tiende a profundizarse, en un marco de creciente incertidumbre cambiaria y nuevas devaluaciones. Seguramente, el gobierno profundice el ajuste monetario con tasas altísimas de interés (entre 25% y 30%, o quizás más aun si la inflación no retrocede y las urnas son esquivas con el programa de Mauricio Macri), que lejos de garantizar la baja de la inflación, solo alimentan al negocio y la especulación financiera, con una mayor recesión e inestabilidad macro de corto plazo. Del mismo modo profundizará la apertura de las importaciones, bajo la falsa premisa de que es una política indispensable para bajar los precios, hay muchos sectores que no encontrarán posibilidades ni de reconvertirse ni de competir, y sus trabajadores se sumarán a los actuales miles de despedidos.
En conclusión: después de la caída de 2016, lo que se observa es un leve y esperable rebote estadístico heterogéneo, regresivo e insostenible. Para peor, las políticas de ajuste fiscal y monetario que ya anunció que va a instrumentar el Gobierno, seguramente inducirán una nueva caída en 2018. Si Macri no cambia la política económica las cosas no van a mejorar, sino que van a ir peor.


Equipo: Débora Giorgi, Silvina Batakis, Mercedes Lagioiosa, Federico Bernal, Arnaldo Bocco, Roberto Feletti, Christian Girard, Axel Kicillof, Antonio Mezmezian, Martín Pollera

Coordinadora política: Cristina Álvarez Rodríguez